Casa de Quiteria Salonarde, CuencaListado

Elemento arquitectónico

Casa de Quiteria Salonarde

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Esta casa-palacio es una de las menos conocidas de la ciudad a pesar de su potencia arquitectónica. Su promotora fue Quiteria Antonia Salonarde, rica ganadera y todo un personaje de la primera mitad del siglo XVIII. Su marido José de Sancha y Ayala, que era regidor de Cuenca y gentilhombre de boca de su Majestad, intervino en la primera fase del inmueble, pero su prematuro fallecimiento en 1713 le cedió todo el protagonismo a su esposa. La fachada principal, curvada para adaptarse al trazado de la vía pública, sigue el modelo de casa patricia barroca. Crea una pantalla uniformadora que enmascara, en su aparente homogeneidad, una historia estructural muy compleja detrás de sus muros, con diferencias cronológicas en la adquisición de inmuebles preexistentes y solares de casas arruinadas. Basta compararla con las traseras que dan hacia el río Huécar con tan distintas secciones, incluida la de las grandes galerías, disímiles en cotas de pisos, cubiertas y divisiones verticales. Desde esa zona de la hoz se comprueba asimismo que esta casa es prácticamente, después del palacio episcopal, el edificio de arquitectura doméstica más grande del centro histórico.

El ambicioso proyecto edificatorio de doña Quiteria, que parece sobrepasar las meras necesidades habitacionales, tendría mucho que ver con el deseo de representación social a través de la potencia física de su morada. La fecha de realización definitiva transcurre entre 1727 y 1729, bajo la dirección del carmelita Fernando de Santa Teresa. Remata la escalera uno de los lucernarios barrocos más interesantes de la ciudad. A ambos lados del balcón principal aparecen dos escudos, añadidos un cuarto de siglo después de la erección de la fachada. El de la izquierda es de Clemente de Aróstegui; el de la derecha, de Herrera. La más convincente conjunción de estos linajes se produce en el matrimonio formado por Antonio Clemente de Aróstegui y Josefa Juliana de Herrera y Salonarde, casados el 15 de agosto de 1747. Debió de ser en la etapa como propietaria de Ana Josefa Salonarde, heredera de doña Quiteria y madre de Josefa Juliana, cuando se colocaran los escudos.

No hay que dejarse engañar por la austeridad presente en las fachadas de estas mansiones aristocráticas. Además de su gran volumen, cuentan los interiores para distinguir la categoría de los propietarios: amplios salones de recepción y aparato, incluida la capilla familiar, así como la riqueza mueble y decorativa de dichas estancias con cuadros, tapicerías, alfombras y otros refinados objetos solo permitidos a las clases pudientes.

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