Casa de Sebastián de Covarrubias, CuencaListado

Elemento arquitectónico

Casa de Sebastián de Covarrubias

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Considerada erróneamente como vivienda de la demandadera del vecino convento de Carmelitas Descalzas, fue construida por el célebre autor del Tesoro de la lengua castellana o española a partir de su toma de posesión en 1579 de una canonjía de la catedral de Cuenca. El primer paso sería el de adquirir un largo y estrecho solar, con huerta, que iba desde la trasera de la iglesia de San Pedro hasta el nuevo edificio de la Inquisición en pleno proceso constructivo. Buena parte de ese terreno, dejando aparte su morada y un jardín anexo, lo cedió el escritor en 1604 a las monjas carmelitas para que edificasen su convento.

Las dimensiones del edificio son de casa patricia, como subraya en 1629 el historiador local Juan Pablo Mártir Rizo al calificarla de “casas muy principales”. Sin duda, en aquellos tiempos el contraste con las edificaciones más normales era mucho mayor del que nos puede parecer ahora. Las potentes estructuras abovedadas de la planta sótano resultan bien indicativas de lo dicho, con gruesos muros y bóvedas de cañón en mampostería. Ciertos elementos recuerdan los existentes en el cercano edificio de la Inquisición. Si pueden atribuirse con garantías a Juan Andrea Rodi las trazas de la sede inquisitorial, ¿habría podido Covarrubias encargar su casa al arquitecto milanés? La planta de rasante a nivel de la calle ofrece la puerta de acceso adintelada y de diseño muy sencillo, como es habitual en la época. El primer piso sobre la cota de la calle contendría las estancias más nobles, en fuerte contraste con la sencillez del aspecto exterior. Conocemos las numerosas piezas suntuarias que albergaban tanto el oratorio como el estudio, el salón, el dormitorio y otras salas.

Tras el fallecimiento de Covarrubias en 1613, la casa pasó a su sobrino y heredero Fernando Ruiz de Alarcón, que la vendió en 1628 a su hermano Francisco Ruiz de Alarcón por la considerable suma de 2.573 ducados. A principios de la década de los sesenta la adquirió el capitán y regidor Pedro González de Argandoña. Finalmente la compró la Mesa Capitular en 1676, habitándola a partir de entonces numerosos miembros del cabildo catedralicio.

Cuenca tiene una deuda pendiente con Sebastián de Covarrubias. Además de su sobresaliente personalidad cultural y literaria, es el que posibilitó la radicación de las carmelitas descalzas en este paraje de la ciudad, así como la definición arquitectónica y urbanística de uno de sus más bellos rincones, incluidas las perspectivas que ofrece este conjunto de edificios vistos desde la hoz del Huécar.

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