Castillo y edificio de la Inquisición, CuencaListado

Elemento arquitectónico

Castillo y edificio de la Inquisición

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Por cedula real del 30 de septiembre de 1574, Felipe II autorizó la construcción de un edificio específico para la Inquisición en parte del solar del castillo medieval, que habían ordenado derrocar los Reyes Católicos. De origen musulmán, la descripción más antigua conocida de esta gran estructura defensiva, sobre la que existen todavía aspectos por debatir, es la proporcionada por al-Sala en 1172.

Actualmente, quedan como vestigios un foso excavado en la misma roca del cerro donde se asienta Cuenca, y un parapeto fortificado encima que domina un gran torreón. Los elementos más antiguos de la torre y el sistema anejo han sido fechados en el siglo X. Después de la conquista cristiana por Alfonso VIII en 1177, estas defensas septentrionales fueron reforzadas por los nuevos pobladores y se edificaron algunas salas de cantería en la zona que cae hacia el Júcar.

El inmueble inquisitorial se construyó en una primera fase, a partir de 1575, con trazas de Juan Andrea Rodi. Todo parece indicar que en 1583, con el edificio inacabado, tuvo lugar el traslado desde unas dependencias provisionales de la calle de San Pedro. En la primera década del siglo XVII hubo un proyecto para completarlo con una nueva fase constructiva, iniciándose así una compleja evolución arquitectónica que, tras la traumática voladura en 1812 de gran parte de sus dependencias por los invasores napoleónicos, y conocer distintos usos, alcanzó su aspecto actual con la rehabilitación de 1985-1990 para destinarlo a Archivo Histórico Provincial (1991).

Pese a las devastaciones sufridas, continúa siendo uno de los hitos básicos en el perfil urbano de Cuenca. Su fábrica de mampostería, monumental y desornamentada, se adapta estrechamente a su función y al espíritu de la época en que se construyó, como sede de uno de los tribunales inquisitoriales más importantes de España.

La fachada con la sencilla puerta principal, que da a la calle del Trabuco y que aprovecha un tramo de muro de la fortaleza medieval es, paradójicamente, la menos interesante de todas. La larguísima fachada meridional, de imponente presencia sobre la hoz del río Huécar, sólo se define en su compacta horizontalidad tras la última rehabilitación. Todo ello convierte a la fachada oeste en la más sugestiva.

Conserva prácticamente intactas las trazas de Rodi y el testimonio de las cinco plantas del edificio, con la estrecha puerta con montante de acceso a las cárceles; las ventanas de la casa del alcaide encima; sobre estas, en la cota de la entrada principal, los grandes ventanales de la casa del inquisidor primero; y más arriba las ventanas más reducidas de los familiares y criados de dicho personaje. Queda todavía una planta señalada por esa especie de torre. La vista desde la zona del convento de las Carmelitas es magnífica.

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