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Convento de Franciscanos Descalzos de San Pedro de Alcántara
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Información
Con advocación de san Lorenzo Mártir, y ubicado al pie de las rocas en el lado de la hoz del Júcar, configura con la cercana ermita de la Virgen de las Angustias un bellísimo rincón de la ciudad, mitad edificado y mitad natural. Afectado por el proceso desamortizador del siglo XIX y por una inexplicable mutilación avanzada la centuria siguiente, preserva todavía un notable interés no solo paisajístico sino también arquitectónico, para entender el proceso evolutivo del arte local.
Pueden establecerse tres fases en el desarrollo físico del inmueble. La primera corresponde a la segunda mitad del siglo XVI y a la actividad de don Marco de Parada, arcediano de Alarcón y canónigo de Cuenca. Este personaje, uno de los eclesiásticos más relevantes de su época como promotor de arquitecturas, adquirió a mediados del siglo XVI un terreno inmediato a la recién horadada puerta rupestre que aún subsiste, en el que edificó una verdadera villa suburbana de recreo al estilo del Renacimiento. En ella creó incluso una ménagerie o casa de fieras, con animales salvajes en cautividad entre los que contaban osos. Hacia 1570, don Marco proyectó fundar allí un convento masculino, refrendando ese deseo en una cláusula de codicilo testamentario fechada en noviembre de 1578. La fundación Parada propiamente dicha nació casi de inmediato en la década siguiente por un sobrino homónimo del arcediano, primer patrono por designación de su tío. Fueron los franciscanos descalzos, provenientes del monasterio de San Bernardino de Madrid, los que ocuparon la casa edificada por don Marco.
La segunda fase arranca de 1608, cuando los franciscanos aceptaron la propuesta de don Gerónimo Venero y Leyva, entonces abad de la Sey y canónigo de Cuenca, y posteriormente arzobispo de Monreale (Sicilia), para erigir una iglesia de nueva planta anexa a la casa primitiva, y otras dependencias que superaran la estrechez que padecían hasta ese momento. El templo ha sobrevivido en buena medida hasta la actualidad, aprovechado como vivienda particular. Una carta de pago otorgada por los religiosos el 15 de marzo de 1617, por un total de 12.305 ducados, incluye todas las dependencias financiadas por el arzobispo de Monreale, que se habían ido edificando en fecha posterior a la iglesia. A mediados del siglo XVIII tuvo efecto la tercera fase constructiva, que ha dejado como elementos importantes dos portadas de sillería, la del templo y la de la clausura. La más original es la primera, que se integra en el grupo de portadas verdaderamente barrocas de la ciudad, de gran potencia y relevado de sus componentes.