Iglesia de San Pedro, CuencaListado

Elemento arquitectónico

Iglesia de San Pedro

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La singularidad de esta parroquial de San Pedro deriva de su nave circular, que es única en el patrimonio edificado conquense y cubierta, además, por la cúpula de mayor tamaño conocida por estas tierras. También es relevante la capilla de san Marcos, bajo el patronazgo de los Enríquez, por su armadura policromada de estilo mudéjar. Tras el traslado del Santo Oficio a un inmueble de nueva fábrica en las cercanías de la iglesia, cuesta arriba del solar de la antigua fortaleza medieval, sumó a sus funciones la de “parroquia de la Inquisición”, según expresión de algunos de sus miembros. Su trayectoria constructiva ofrece asimismo gran interés, pasando por diferentes etapas desde el origen. Primero fue una pequeña iglesia de repoblación, como atestiguaron las excavaciones llevadas a cabo en 1998: una nave de unos 10 por 6 metros, asentada directamente sobre las rocas de base. Pasó a ser después un templo mayor, de planta basilical con tres naves. Finalmente se convirtió en el hermoso ámbito centralizado, de mediados del siglo XVIII, que vemos ahora. Tampoco en este complejo proceso encuentra competencia entre las restantes parroquiales.

La sugestiva imagen dejada en 1565 por Anton van den Wyngaerde, en su panorámica de Cuenca desde el este, facilita el cotejo con una detallada descripción del edificio escrita, en 1644, con ocasión de las honras fúnebres de la reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV. Todo ello permite conocer cómo era el templo antes de la renovación dieciochesca, y plantear la hipótesis de cómo evolucionó en planta y en alzado. Las sucesivas aportaciones de la historia han dejado siempre algún testimonio, por modesto que parezca en ocasiones.

En un monumento cuyo autor no ha sido hasta la fecha documentado, las especulaciones estilísticas sobre quién habría podido crear esta bella arquitectura no es el menor de los atractivos que la parroquial de San Pedro ofrece a los estudiosos y visitantes. Cabe discrepar de la opinión mayoritaria que atribuye al turolense José Martín la responsabilidad de sus trazas. No es que el talento creador de este maestro, el mayor genio del espacio barroco radical presente en la ciudad, se lo hubiera impedido, es que los caracteres arquitectónicos son diferentes a los suyos. Mayores concordancias ofrece con el arquitecto fray Vicente Sevila, el protegido del obispo Flórez Osorio, cuyo escudo campea en la portada. Capaz de lo más encogido y de lo más audaz al tiempo, en San Pedro, si la hipótesis aquí planteada es correcta, Sevila habría concebido una de sus mejores obras. A finales del siglo XVIII, Mateo López le otorga a la torre de las campanas su forma definitiva, en la que destaca el remate de media naranja.

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