Iglesia y convento de San Pedro de las Justinianas, CuencaListado

Elemento arquitectónico

Iglesia y convento de San Pedro de las Justinianas

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Fundado a principios del siglo XVI por el canónigo Alonso Ruiz, la iglesia primitiva pervivió hasta mediados del siglo XVIII, cuando se puso en marcha un ambicioso proyecto de reedificación de la misma y de ampliación del propio convento hacia la calle de San Pedro, a lo largo de la manzana que da a la plaza Mayor. En 1755, las religiosas solicitaron permiso al cabildo catedralicio para llevar a cabo las obras, contando con el apoyo del canónigo Diego Luyando y el músico José Nebra. Ambos eran muy devotos de la Virgen del Pilar, cuya imagen se deseaba colocar presidiendo el altar mayor. El 22 de enero de 1761, José Martín y Francisco Viñuelas contrataron la finalización de la nueva iglesia, comenzada varios años antes según las trazas firmadas por Alejandro González Velázquez y Blas de Rentería, y que había sufrido problemas constructivos que había que reparar.

La iglesia es uno de los monumentos más importantes de la ciudad. Aunque se ha llegado a proponer algún autor alternativo, los documentos conocidos dejan meridianamente claro el nombre de González Velázquez como su artífice intelectual. Fue obra enteramente suya y de gran calidad en la traza, que introdujo además el espacio barroco dinámico en la arquitectura conquense. Sorprende su madurez en un maestro como el madrileño, con un catálogo propiamente arquitectónico tan reducido. El ámbito interior, desarrollado longitudinalmente, despliega una nave elíptica cubierta con cúpula entre un vestíbulo cuadrado de acceso, bajo el coro alto, y la capilla mayor cuadrangular cerrada con testero plano. Todo ello queda inscrito en un compacto prisma rectangular, en el caso más evidente de enmascaramiento dieciochesco de toda la arquitectura barroca conquense.

A pesar de haber perdido los siete retablos y las pinturas al fresco que adornaban su interior, en una serie de circunstancias desafortunadas producidas entre 1936 y 1941, la iglesia de las Justinianas continúa proclamando su condición de verdadero monumento con su espacio interior de gran belleza. Cierto es que la impresión estética actual queda lejos de la originaria, cuando tantos nombres sonoros de artistas de la época se dieron cita en esta iglesia: el propio Alejandro González Velázquez, trazador asimismo del monumental retablo mayor; Ventura Rodríguez, diseñador de los altares de las capillas-hornacina de la nave; el escultor zaragozano José Ramírez, autor del bajorrelieve de estuco del retablo mayor y de otros dos ubicados en los retablos laterales; del mismo taller serían las esculturas en madera, imitando mármol, de las hornacinas; y Luis González Velázquez, pintor de los frescos de las bóvedas.

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