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Iglesia y oratorio de San Felipe Neri
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Información
La fundación y el proceso constructivo quedan estrechamente vinculados, a partir de septiembre de 1738, con los hermanos Álvaro e Isidro Carvajal y Lancáster, ambos canónigos de la catedral y el segundo, con posterioridad, obispo de la diócesis conquense. Comprende, además de la iglesia superior, el oratorio bajo o iglesia de la Divina Pastora y amplias estancias conventuales. Todo ello compone uno de los hitos urbanos fundamentales de la ciudad vista desde el llano. Tras ocupar inicialmente una vivienda de localización por ahora ignorada, los filipenses se trasladaron en marzo de 1739 a un edificio nuevo situado en la parte superior de la calle de los Caballeros. Esta fue la primera sección del conjunto, todavía subsistente, en la que aprovecharon una sala para el culto, una capilla provisional de las denominadas “de prestado”, en tanto construyeran un espacio devocional de mayor empaque.
Ello queda patente en febrero de 1740, con petición de espacio público a las autoridades locales para edificar una iglesia con planta elaborada por Felipe Bernardo Mateo. Se trata del oratorio bajo, que quedaría concluido en la primera mitad de esa década. Se accede al mismo por la única portada de sillería verdaderamente dicha de todo el conjunto, que ofrece evidentes contactos estilísticos con el arquitecto fray Vicente Sevila. En diciembre de 1747, los filipenses volvieron a solicitar al consistorio terreno público para la cabecera del templo, en la zona de la calle de San Andrés. Tanto la iglesia de San Felipe como la anexa capilla de la Virgen de la Luz constan en pleno proceso edificatorio en noviembre de 1749. No es fácil, con tales fechas, pensar en José Martín como autor de las trazas según sostiene la historiografía tradicional. El autor sería otro maestro, por ahora no documentado. De tener que pensar en un nombre alternativo, quizá sea el del citado fray Vicente Sevila el que más convenza, dicho sea con todas las reservas hasta que lo confirmen o desmientan las pruebas documentales que puedan aparecer en el futuro.
José Martín sí consta en relación con Cuenca en 1752. Todo apunta a que, a finales de ese año, el proceso constructivo atendía ya a la etapa de ornamentar y amoblar el interior, que quedaría rematada durante el año siguiente. Ninguna duda cabe de que este arquitecto diseñó el novedoso ciclo decorativo que reviste paredes y bóvedas del templo, en uno de los más detonantes ejemplos del estilo rococó en España. De tal modo, aunque el maestro turolense no fuera el trazador de la iglesia de San Felipe Neri, acabó por convertirse en el creador más decisivo de esta obra sobresaliente de la arquitectura dieciochesca, incluidos los retablos originales por desgracia destruidos.