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Notable compuesto arquitectónico de los más variados estilos, es el único ejemplo de la arquitectura civil de Cuenca que puede remitir a una condición genéricamente palaciega. La parte más antigua se encuentra en el cuarto oriental, denominado de san Julián, que da a la hoz del Huécar. En 2001 quedó al descubierto bajo el revoco el ventanaje medieval primitivo, correspondiente a dos fases evolutivas dentro del siglo XIII. Los vanos más sencillos, lisos y biselados pertenecen al primer cuarto de la centuria. Las grandes ventanas del piso principal serían ya del último tercio del siglo. El ventanal de la derecha es una joya de la arquitectura civil española de su tiempo. Sumamente decorado, manifiesta los caracteres del gótico de plenitud, enriquecido por las refinadas formas de la modalidad radiante. También dentro de la Edad Media, y comparable en interés patrimonial con la sección anterior, es el cuarto del obispo don Álvaro de Isorna, edificado hacia 1419-1421. Sus elementos más vistosos son un gran alfarje policromado, una portada y una ventana mudéjares. El alfarje, con jácenas y jaldetas pero sin canes, y más de dieciséis metros de longitud, ofrece una decoración pictórica de gran variedad y finura de dibujo: escudos con las armas de dicho prelado y de Castilla-León; dragones y follaje con aves.
El siglo XVI es asimismo relevante para la definición del edificio. Por encargo del obispo don Diego Ramírez de Villaescusa, Pedro de Alviz trazó en 1535 el patio trapezoidal aún goticista, colindante entonces con las dependencias que ocupaba el Santo Oficio. En 1580, tras el abandono del inmueble por parte de la Inquisición, el obispo don Rodrigo de Castro encomendó a Juan Andrea Rodi la reedificación del primitivo cuarto de san Julián, aunque la caja de muros del siglo XIII pervivió intacta, como demuestran el ventanaje ya comentado y las yeserías mudéjares del interior.
En la primera mitad del siglo XVII, tuvo que ser importante la intervención del obispo don Enrique Pimentel en la fachada occidental, como demuestra su escudo presente tanto sobre la portada como en las dos hojas chapadas de las puertas. Se le debería la ordenación de los huecos: ventanas con rejas en el nivel bajo; balcones de hierro coronados por frontón triangular en la planta noble; y ventanas cuadrangulares en el piso superior. La portada misma y la inscripción “RELICTVRO SATIS AÑO DE 1712” corresponden sin duda al episcopado de don Miguel del Olmo. En 1805, Mateo López amplió el hastial hacia el sur en varios metros, en el contexto de ciertos cambios en el entorno urbano. Se ajustó para ello a la organización de la fachada del siglo XVII, renovando físicamente y tal vez simplificando algunos de sus elementos.