Pósito, CuencaListado

Elemento arquitectónico

Pósito

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Situado en la proximidad de la ya desaparecida puerta del Postigo, este edificio, con el palacio episcopal, el seminario, y algunos más, es una de las muestras más importantes de la arquitectura civil de Cuenca. De modo contradictorio, ha merecido poca atención de los estudiosos, unido este hecho a determinadas apreciaciones discutibles. Su conocimiento exige evocar los antecedentes con otro inmueble de igual función, el alhorí, que se construyó en la década de los sesenta del siglo XVI en el Campo de San Francisco. En alguna referencia documental de esa época se ha cimentado, probablemente, la confusión sobre el pósito que sigue vigente en la actualidad. Incluye la creencia de que, apenas concluido el alhorí del Campo de San Francisco, las autoridades municipales habrían encargado supuestamente al maestro Pedro López de la Vaca, en 1582, la construcción de otro más al lado de la puerta del Postigo que, remodelado en el siglo XVIII, sería el existente en la actualidad. Pero aunque López de la Vaca hubiese fabricado algo en la zona de la puerta del Postigo, lo que no se ha demostrado, nada tendría que ver con lo que el pósito que ha llegado al presente revela en sus distintas secciones, incluida la portada. Las condiciones de 1582 remiten a una edificación ya existente y las medidas, como los espesores de muros y tabiques, no alcanzan ni la tercera parte del grosor de los del inmueble del Postigo.

El pósito se erige por entero de nueva planta en el siglo XVIII, sin que resulte creíble ninguna referencia documental de los siglos anteriores. La preocupación por edificar un nuevo edificio con este fin surge una y otra vez en las sesiones de la Ciudad desde las dos últimas décadas del siglo XVII al menos. En cualquier caso, solo un acuerdo de 23 de noviembre de 1751 determina de manera taxativa la erección de una casa sobre la puerta del Postigo para guardar el trigo. Por diversas causas ya no podía seguir utilizándose el alhorí del Campo, y la función de este había pasado a otros edificios de manera coyuntural. La construcción del nuevo es inmediata y rápida. En 6 de noviembre de 1753, el corregidor informa a los regidores que el maestro José Rubio, encargado de las obras, había entregado las llaves tras su conclusión. La estructura completamente abovedada en los dos pisos superpuestos responde a su función, y es única en toda la arquitectura civil conquense. Por otra parte, la fachada es igualmente relevante, con un fondo de sillares simulados con el pincel y las rocallas que enmarcan las ventanas y tres escudos: el de la ciudad con espigas; el del corregidor Pedro de Quintana y Acevedo; y el abreviado de los Borbones, curioso testimonio de la invasión francesa con el águila napoleónica en su centro y la bandera tricolor pintada.

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