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Solo la catedral compite con el Seminario en imponer su volumen en el paisaje conquense, la primera dominando el horizonte de la hoz del Huécar; y el segundo, el de la hoz del Júcar. Esta institución educativa de carácter religioso ocupó diferentes inmuebles entre 1592 y 1746. Es la época que podría calificarse como de incertidumbre de la sede, y que transcurre entre el estudio de Santa Catalina y una casa ubicada en la trasera de la iglesia parroquial de San Pedro. En el último año citado tuvo lugar el traslado definitivo al barrio del Alcázar. La unidad de su masiva presencia, ahora rojiza, sobre las cuestas de la puerta de San Juan, es solo aparente, porque el proceso edificatorio duró no menos de veinte años en tres fases sucesivas.
Fue el obispo don José Flórez Osorio, que había tomado posesión en 1738, el que a través de una fundación personal promovió para albergar el Seminario un edificio de nueva planta en el barrio del Alcázar. Encargó las trazas a fray Vicente Sevila, un arquitecto valenciano que le había acompañado en su tránsito desde la anterior diócesis de Orihuela hasta la posterior de Cuenca. Sevila, como hombre de su tiempo, elaboró un diseño basado en la racionalidad, con un patio rectangular en torno al cual se disponen en damero las diferentes dependencias. Esta fase constructiva inaugural, entre 1742 y 1746, ocupa en el conjunto la parte central. Destacan en ella la capilla y la escalera; la capilla, por su rompedora portada barroca, la primera que en rigor puede así adjetivarse en las arquitecturas de Cuenca; la escalera, mucho más comedida, por mostrar uno de los más bellos lucernarios de la ciudad.
Sucede una segunda fase impulsada por el mismo Flórez Osorio en la década de los cincuenta. Dio lugar al ala sin patio situada al oeste del complejo. Fallecido el prelado fundador en noviembre de 1759, en los años sesenta se ultimó el conjunto actual al erigir un segundo patio y el cuerpo que da a la plaza de la Merced, con la portada principal de acceso a su interior. Corresponde esta fase a la época del obispo Carvajal y Lancáster, aunque estaría prevista con anterioridad y su autor seguiría siendo el mismo fray Vicente Sevila. El patio y las estancias ubicadas alrededor reproducen grosso modo el núcleo inicial del Seminario, pero el cuerpo de fachada ofrece un interés especial para su estudio. Es una verdadera fachada pantalla, engañosa en la disposición de algunos vanos Contiene tres elementos de porte arquitectónico: la portada, la sala destinada a biblioteca pública y la galería abierta con columnas toscanas de la trasera del piso superior. La portada, con dos cuerpos prácticamente de la misma altura, muestra las armas de Flórez Osorio en el escudo quizá más bello de la ciudad.