Torre de Mangana, CuencaListado

Elemento arquitectónico

Torre de Mangana

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Su historia desde el siglo XVI tiene que ver con la instalación en ella del reloj público destinado a proporcionar información horaria a los ciudadanos. Tras descartarse sucesivamente otras ubicaciones como la torre de campanas de la catedral, la torre de la Queda y la iglesia de San Andrés, se colocó en 1532, durante el mandato del corregidor Pedro Ordóñez de Villaquirán, en esta torre antigua del barrio del Alcázar, que los documentos de la época denominan como de Mangana. Antes se efectuaron en ella sucesivas reparaciones y reformas que buscaban la mayor elevación de la campana, erigiendo el carpintero Alonso León una estructura superior de seis gruesos pilares de madera, guarnecidos de hojas de lata, que soportaba un chapitel.

Aunque siempre ha destacado como pináculo de la pirámide edificada de Cuenca vista desde el llano, el inmisericorde desmantelamiento sufrido por este sector urbano a lo largo de la primera mitad del siglo XX ha subrayado, de manera artificial, la esbeltez y el aislamiento de Mangana sobre la explanada abierta en su torno. Antes se encontraba en el corazón del barrio y rodeada de casas como la de los Montemayor, lo que dio origen a disputas de propiedad con las autoridades municipales.

En 1564 se realizó una escalera de caracol con apertura de saeteras y ventanas con vidrieras. De todas las reformas posteriores producidas en el mismo siglo XVI, en las que llegó a participar Juan Andrea Rodi, merece ser subrayada la del cantero Pedro de la Viña, de 1593, con cuatro pilares y nuevos chapitel y reloj. Los pilares serían lógicamente de piedra, en sustitución de los preexistentes de madera, y cabe imaginar que son los que aún pueden contemplarse, tapiados, en el nivel del reloj actual.

El cuerpo de la torre no ha debido de cambiar apenas en el curso de las últimas cuatro centurias. Las transformaciones han afectado especialmente a los distintos remates imaginados sobre los susodichos pilares. En la tercera década del siglo XX, el arquitecto Fernando Alcántara convirtió Mangana en un polícromo minarete con auras islámicas, en una imaginativa creación modernista impregnada de mudejarismo que, en cualquier caso, enmascaraba por completo la torre de piedra original. Alcántara eliminó de paso un excéntrico baldaquino de hierro, propio de finales del siglo XIX en que se colocó, y que había sustituido a su vez a la sencilla y centenaria cubierta que representan las vistas de los pintores desde el siglo XVI y alguna de las primeras fotografías de la ciudad. En 1970 se fabricó el remate actual de almenas sobre un potente matacán almenado. Cabe esperar que sea el cierre definitivo del listado especulativo conocido por la antigua y entrañable torre de Mangana.

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